Eterno Sueño.
Estaba a la espera de aquella llamada que jamás vendría, de esa conexión latente e infranqueable con el otro lado, con mi otro yo que habita en ti, para divisar ahora en la cuasi bola de cristal que es mi maquinadora mente lo incierta que sería la vida en la plenitud de tu ausencia. Más nada vendría, solo esperaba en este instante el desamor ser mi compañero. Clac... clac... clac... Hervía en el aire esa onomatopeya maldita que mide en nuestra ausencia el tiempo. Clac... clac... clac... El péndulo que marca la hora, que me dice doctrinalmente que ya es tarde, que debo dormir o lanzarme a las calles, entregarme a la danza de las sábanas dónde he de descansar, donde he de sufrir ahora, revoloteando como sanguijuela sobre sal, donde ha de quemarme como hielo tu ausencia. Dormir, me repitió esta mente que armó la coartada, que propuso e ideó minuciosamente el plan donde te entregaba a la furia de estos celos que abrasan. Matarte maldición, debí matarte cuando pude. Clac... clac... cl...