No es amor.

Pienso en este momento que usted debería saber la verdad, o más bien que yo merezco salir de esta verdad que asfixia.

Lo que siento por usted no es amor, cómo podría usted creer todo lo que le digo, no sea mujer tan crédula, esto no es amor: esto es la palabra sorda, la terca palabra que no escucha. Es la palabra muda, la que no conoce su habla, la que se comunica con señas. Es la palabra ciega, la que no sabe hacia dónde va, la que no tiene rumbo.

Entienda que no es amor, esto es abnegado mutismo, limpio como un cristal. Un silencio quemante, un abrasante fuego que no hace ruido. Es la verdad diáfana, tranquila como arroyo que baja con su silencio de bosque.

Esto no es amor, es una necesidad funesta, sed que ahoga, un hambre que no se sacia, que siempre quiere más. Es el deseo que lo anhela todo, que jamás está satisfecho, que no conoce que no haya más.

Esto jamás ha sido amor; créame que no. Esto es el vértigo en los pies, el miedo a caer, a desparramarme como fruto maduro sobre la vereda, es el miedo a la altura a la cuál no he subido, a aquel lugar donde no he llegado.

Sí ve qué no es amor, qué no podría serlo jamás, que esto que yace en mí no es más que un miedo que lo copa todo, un miedo que se mezcla con una voluntad extraña para traicionarme. Y sepa que no voy a decirle, porque no es una necesidad de muerte, pero si una preferencia egoísta que necesita, tampoco crea que es contradicción, es simplemente amor complejo que quiere ser libre.

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