Añoranzas I

Nos tumbamos y nos miramos, reímos un poco al estar en el suelo piel de luna, dormidos como el dolor inerte. De costado, mirándonos, de frente mezclando las palabras con risa, matándonos antes de la muerte.

Me miras y te miro, te ríes y río y sabemos ambos en el fondo como ha de terminar esto. Te busco, bajo el susurro ardiente te invoco y te encuentro, y ahora somos. Sobre mí te soy me eres y me adentro, en eso de mí que está en ti y que anhelo.

Te busco, te escapas y persigo a tu sexo que tímido me huye. Te soy en mi renuncia y te celebro, te canto Apsara y te beso. Vibran nuestras almas y laten al compás nuestros cuerpos, nos recorre la pasión la sangre y bajo tu caricia me elevo.

Y quién te ve tan inocente y tan niña, ahora ardes, eres el mismo infierno. Me tomas, me hundes, me sacas, me elevas, me sueltas, me caigo; me muero. Me estremezco en tu caricia, en tu roce que quiebra los huesos. Me instruyes y soy el aprendiz, el sumiso, el esclavo que santigua tu sexo.

Me muerdes, me aruñas, me ahorcas, me sellas soy enteramente tuyo y me alegro realmente por ello. Soy tan feliz a tu lado y bajo tu batuta este hombre poetisa experimenta la gloria del sexo. Voy a la cúspide, allá mujer donde en el magma glorioso, se funden sin miedos los cuerpos. Pero me muevo preciosa y me levanto tan húmedo y tú no estás y me duele que todo termine en sueños.

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